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XYZ

X

No indagué demasiado sobre la doctrina de Anaxágoras, solo conozco una de sus conclusiones más destacadas, “todo tiene que ver con todo”, y siempre me fascinó. Esta frase a mi entender es la síntesis de porqué pasa lo que pasa. Y creo que tiene sentido con estos sucesos que voy a contar. Podría afirmar que todo lo que nos ocurre o nos va a suceder es la consecuencia de distintas acciones y reacciones en el universo, y todas están entrelazadas, como ondas que rebotan de un lado y repercuten en otro; como las olas que vemos en la playa romper, que son el resultado de otras reacciones generadas en otros mares distintos al que moldean nuestra costa. Pero adentrarnos en esta clase de explicaciones, aparte de no llevarnos a ningún lado en concreto, nos ocuparía páginas y páginas repletas de palabras que no vale perder tiempo ahora. Valiéndome de una explicación más terrenal, para empezar con esta particular historia que quiero contar, llegué a la conclusión de que todo lo que le pasó a ella, o X como la nombraré en este cuento, tuvo su origen esos días en que empezó a sentir nulo interés por el orden y cuidado de sus cosas.

Este análisis ligero, sirve de punto de partida para entender que de un día para el otro, perdió ese necesario miedo al ridículo que todos portamos, y dejó de preocuparse por el qué dirán. Esa barrera de timidez no solo la levantó en su entorno social cercano, también en las redes sociales en las que escasamente participaba. Su giro frente al mundo fue tal, que dejó su huella en Facebook, red que adoptó para expresar sus pensamientos. Fue así como empezó a comentar cada publicación que algún amigo electrónico realizaba, sin filtrar lo que se le venía a la mente; más bien con una actitud provocadora, contestataria, digna de una persona con muy poca tolerancia. Es una idiotez lo que cuento, pero para X, que siempre había sido muy reservada en sus opiniones, estas actitudes significaron un cambio radical. Sus amigas más cercanas se sorprendían al leer lo que escribía o contestaba, no entendían si estaba enajenada o sí había sufrido un daño cerebral irreparable afectando su cordura… (continúa en el libro)

 

Z

A Z le costaba horrores aceptar como el surf se había convertido en un deporte de moda alrededor del mundo. Siempre pensó que la moda era un accesorio superfluo que la gente consume en forma adictiva, al igual que una droga para lograr momentos instantáneos de felicidad. Un cotillón que se usa de adorno para desviar la atención y ocultar lo que no se lograr ser.

Y vaya paradoja, su deporte favorito, que desde hace más de treinta años, en aquel fervor de su adolescencia, lo usó de puente para escaparse, entre otras cosas, de la moda, en cuestión de años mutó de ser un deporte inusual a un cliché de revista de actualidad, generando la misma seducción en la gente que el corte de pelo de algún jugador o celebridad mundial.

En el medio de esa transformación, y sin terminar de entender bien porqué sucedió esa mutación, acusando al marketing por haber explotado al surf como un amuleto de venta en todo el mundo, Z hoy se sigue preguntando ¿Por qué diablos ahora todo el mundo quiere ser un surfista?

Pensar el porqué de esa respuesta lo malhumora, lo retrotrae a la etapa más punk de su vida.
Su visión sobre los nuevos cambios del mundo es bastante pesimista. Lo paradójico es que siempre fue un tipo que buscaba cambiar, no encasillarse ni ir por los caminos que la mayoría tomaba. Esa postura lo convierte en una persona hosca al momento de discutir o acordar ideas con gente que usa al surf para hacer negocios, ya que los acusa

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como responsables directos de haber generado la masificación intencionada del surf en el mundo, y por ende, en haberlo convertido en una atracción general más. Es tal el fastidio de ver a su deporte en la cresta de la ola de la moda, que sufre cambios emocionales repentinos que le afectan directamente en su cuerpo, padeciendo dolores nunca experimentados y otros desarreglos psíquicos.

Fueron estas singularidades lo que más me llamó la atención. ¿Cómo podía ser que algo tan irrelevante, comparado a los problemas de cualquier ser humano que habita nuestro difícil país (llámese inflación, despidos, pérdida del poder adquisitivo, corrupción, falta de empatía social y una lista larga de dilemas), a él lo afectara con tanta intensidad?